por FRITZ DESHOMMES

Fritz Deshommes, vicerrector de la Universidad del Estado de Haití.

 

 

El Primer  Congreso Nacional de los Movimientos Democráticos

Por un País Diferente, a la Medida de su Historia

[Traducción Lúcia Skromov]

 

El presente artículo, de autoría de Fritz Deshommes, vicerrector de la Universidad del Estado de Haití, fue publicado por primera vez en 7 de febrero de 1987 – fecha del primero cumpleaños de la caída formal de la dictadura Duvalier - en el periódico «Le Nouvelliste». Expresaba, en aquel entonces, los sentimientos haitianos en la dirección de un nuevo Haití, celebrando la iniciativa de un congreso, con grande representatividad, para discutir los rumbos del país.

Casi veinte años después, en 7 de febrero de 2006, este artículo vuelve a ser publicado por el mismo periódico. Exactamente en el momento en que, después del recién proceso electoral, Haití tiene la oportunidad de rehacerse y hay propuestas de varios sectores y capas de la sociedad para que sea reeditada la iniciativa de 1987. Tratase de un pacto social que bajo varias denominaciones – contracto social o consenso nacional o aún diálogo nacional – pretende buscar y apuntar salidas para un desarrollo sustentable. El texto, pues, es bastante actual.

 

Eran más de 800. Llegaron de todos los rincones del país. Todos, en  representación de  todas las organizaciones, la mayoría, recién creadas. Todos sueñan con el cambio. Cambio para ellos mismos. Cambio para los demás. Cambio para todos. Porque todos  saben que este país, antes de todo, es de ellos. Todos ellos saben que este país no puede seguir funcionando de esta manera. Que el hambre, el analfabetismo, los dormitorios a cielo raso no son admisibles. Que los balseros, los boat-people[1], los braceros junto con nosotros formamos parte también de este pueblo que ostenta con orgullo (o con vergüenza) la ciudadanía haitiana. Que no hay nobleza alguna en ser dependiente de la asistencia internacional. Saben también que este país puede funcionar de otro modo. Por sus propios medios. Porque ellos no creen en la fatalidad. Porque también ellos se recuerdan. Ellos se recuerdan que sus padres habían cambiado la faz del mundo. Ah! Eso hace ya mucho tiempo; fue en 1791, fue en 1804. Todo el mundo gritó que fue un milagro. Pero otros, otras gentes, otros pueblos se aprovecharon de aquel milagro para probar el sabor de la sal[2] de la libertad.

Este pueblo que había inventado la lucha contra la esclavitud, contra el colonialismo, contra la explotación, contra el racismo, y cuyo nombre era sinónimo de todas las clases de libertades y de todas las clases de humanismos.[3] De todas las libertades y de todos los humanismos que otros se apropiaron, celebraron, proclamaron.[4] Este pueblo que hoy debería ser el líder del Tercero Mundismo.

Sin embargo, es este pueblo que hoy está siendo enviado como esclavo a la República Dominicana, en nombre de lo cual se vendió petróleo a la África del Sur del apartheid[5], a quien se le da mil platos multiformes para como mendigos recibir el trigo, el pan y la limosna de algún dinero.

Sin embargo es este pueblo que se encuentra nuevamente encadenado.

Y quieren todavía hacer tragar a este mismo pueblo eminentemente creativo que no hay salida fuera de las maquiladoras, de la asistencia extranjera y de las notas buenas del FMI.

Entonces, firmes en la convicción de que este país puede funcionar de otra manera, que todos nosotros estamos interesados por lo que pasa, incluyendo las «elites», sabiendo que nos compete a nosotros Haitianos hacer los cambios necesarios – nadie podrá hacerlos en nuestro lugar –, ellos se reunieron en «Congreso de los Movimientos Democráticos».

Fuezas Democráticas de mi país, Saludos!

Llegaron de todas partes. Son de Fort-Liberté, de Jérèmie, de Savanette, de Bahon, de Moron, de Liancourt, de Thomassique, de Maugé etc. Pero también de Montreal. Dime ¿puede usted ubicar todos estos lugares sin mapa geográfico anotado?

Campesinos, obreros, intelectuales, comerciantes, industriales, artesanos, curas católicos, protestantes, oficiantes del vudú. Eran más de 800.

Más de 800 delegados perteneciendo a 284 organizaciones diferentes repartidas en todo el país. Todos portadores de inquietudes, de preocupaciones, de cuestionamientos.. Pero también de visiones de futuro, de sueños, de proyectos de sociedad. Ellos nunca jamás (o casi) se habían encontrado antes. Alguien decía «onga dos haitianos juntos y ellos van a fundar tres partidos políticos.»

Entonces, ellos discutieron durante cuatro 4 días y llegaron a un acuerdo. Sobre un nuevo proyecto de sociedad.

En la inauguración, se vieron curas católicos sentándose y celebrando al lado de pastores protestantes. Con el mismo fervor. Y un respeto recíproco del uno para con el otro. Invocando el mismo Dios, cada uno según sus rituales. Por la misma causa: la del cambio en  tierra haitiana. ¿Usted se recuerda del tiempo en que una inocente visita a un templo protestante podía valerle la excomunión al fiel católico?

Pero y si le digo que, en el mismo contexto, y en el mismo lugar, ya había ocurrido la celebración de un «hougan» (padre de santería) del vudú. Celebrando sin complejo y con toda la dignidad que es propia.. Llamando sobre nosotros todas las bendiciones de todos los espíritus de la Madre África[6], con el mismo ardor de sus predecesores cristianos.

Manno[7] Ambroise, emocionado hasta las lágrimas, no pudo impedirse  recordar de aquel tiempo en que Jean Brierre, inspector de escuelas en Jacmel, se atrajo la animosidad de la buena Sociedad Jacmeliana por haber, en un discurso pronunciado en uno 18 de mayo, reclamado  la entrada del tambor cónico en las escuelas.

En verdad yo les digo: algo cosa está cambiando en la tierra de Haití-Thomas[8]. ¿Entusiasmo excesivo o prematuro? Ayiti[9] es tierra resbalosa, dicen los escépticos. Es verdad y eso ya se sabe.

Pero, para mí, convicto haitiano de 30 años, por haber vivido en Haití durante estos últimos treinta años, ya es importante el hecho de poder reunir Haitianos provenientes de horizontes tan diversos, haitianos que aceptaron sentarse juntos durante 4 días, para hablar del país, para discutir proyectos de sociedad, organización de la producción, de la Independencia Nacional, de la Nación a ser consolidada y todo un país a reconstruir.

Además, se sabe que llegaron a una resolución. Se trata de una sociedad donde todos tienen que tener lo que comer de acuerdo a sus necesidades, donde todos los niños van a la escuela, donde la tierra pertenece a quienes la trabajan, donde el obrero tiene derechos, donde podamos valorar en nuestro propio beneficio los recursos humanos y naturales, donde nosotros dejamos de ser más proveedores de balseros y de braceros.

Para ser una sociedad de hombres, libre de la intolerancia, de la injusticia, de la dependencia...

Soñador, ¿me dirá usted? 

Acaso, ¿no sueña usted también con lo mismo?

Fritz Deshommes, el 4 de febrero de 1987

_______________

[1] Referencia a los haitianos que emigran para los EUA para trabajar en cualquier cosa y a los que se van a la República Dominicana para trabajar en las cañadas, respectivamente.

[2] La referencia a la sal tiene que ver con las costumbres del vudú. Cuando alguien se transforma en zombi, pasa a ser esclavo de otro o de otros, no necesariamente del hougan (padre de la santería) y no puede comer sal, porque ésta funciona como antídoto e estimulante. La sal permite a que la persona, mismo con traumas, vuelva a ser humano. La sal rehabilita las funciones del cuerpo de la persona, tal como el sistema nervioso que se encuentra paralizado en estado de zombi. El zombi sale del estado de letargo, que lo mantiene esclavo de alguien y no más va a querer serlo otra vez. De ahí, la expresión «sal de la libertad» y toda la simbología que de ella viene y usada en este texto.

[3] En referencia a la gesta épica de los esclavos de Saint-Domingue (hoy Haití), al romper sus cadenas tràs luchas sangrientas contra el colonialismo francés, para construir su sociedad de hombres libres. Epopeya, cuya dimensión histórica, restableció ante los pueblos de la tierra, la humanidad de los negros esclavizados y la de todos los esclavos de todas las razas.  Desafiando con este aporte trascendental el mismo horizonte de los filósofos franceses del siglo de las luces, quienes nunca abarcaron, en sus consideraciones, los esclavos negros. Además, una vez independiente, el joven estado haitiano (sus llagas aun abiertas) brindó un apoyo sustancial y generoso a los pueblos de América Latina y del Caribe en sus luchas de liberación contra el colonialismo y la esclavitud.

[4] A pesar de haber conseguido a punta de fusil y de sacrificios la abolición de la esclavitud desde 1793 y obtenido su independencia en 1804, el mundo occidental le nego a la nación haitiana, su condición de pionera en la lucha antiesclavista. Así, la histografía mundial le concedió a Francia (potencia esclavista y colonial) lapaternidad de la proclamación de la abolición de la esclavitud en 1848, 44 años después de la celebración de la independencia de Haití, 55 años después de la abolición de la esclavitud en tierra haitiana.

[5] Se trata del acuerdo de San José en cuyo marco, Venezuela, México, vendían petróleo a precios preferenciales a ciertos países de América Latina y del Caribe, incluyendo Haití. Cuenta la pequeña historia que el petróleo librado a Haití fue desviado directamente hacia África del Sur, penalizada entonces por las Naciones Unidas a causa de su política de apartheid., por Jean-Claude Duvalier, el Baby Doc. Estamos a principios de los anos 80. Cabe subrayar que el gobierno de entonces cometió dos faltas imperdonables

a)por haberle robado a este pueblo pobre tan apreciable ayuda; b)por haber pisoteado, la lucha heroica de nuestros antepasados y de todo el pueblo haitiano. Hay que recordar que siempre Haití mantuvo una posición líder en todas las luchas en todas las comisiones, formadas en las Naciones Unidas o otros foros en contra del racismo y del apartheid.

[6] Lafrik Guinen" expresión usada para que se recuerde la región de origen de la mayoría de la población.

[7] Manno – apodo de Emannuel.

[8] Referencia al apóstol Santo Thomas: «ver para creer», lo mismo que decir que en Haití, las gentes no creen en palabras, pero sí en pruebas.

[9] Ayiti es el nombre del país en criollo, la lengua de la identidad nacional.

 

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