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Las
nuevas batallas de las luchas sociales del siglo
XXI
El
papel de la conciencia
El
pueblo argentino está protagonizando una
experiencia histórica y es consciente que
tiene final abierto. Esa convicción pone
el entusiasmo a tantos millones de participantes,
por eso el clima de alegría en las calles
en medio de tanto dolor! Millares de argentinos
de distintos sectores sociales y de lugares distantes
de todo el país estamos haciendo grandes
descubrimientos. Ya empieza a haber un conocimiento
colectivo acerca de qué está pasando,
quiénes manejan los hilos, qué intereses
están en juego y a través de qué
mecanismos nos roban y nos han engañado durante
décadas.
El saber hace libres, y la conciencia que da el
conocimiento permite encontrar caminos de acción.
Saber qué hacer, para dónde conviene
ir, produce un profundo sentimiento de dignidad
y estima. Hemos cambiado la autocalificación
zoológica, ya no nos consideramos ovejas
y esta recuperación de la confianza en las
propias fuerzas, que se presenta con la palabra
"dignidad" en muchas pancartas, es el
ingrediente más notable del avance de la
conciencia que se ha producido en este corto lapso
desde diciembre pasado.
Esto
es hacer política. ¡Curiosos
vericuetos recorridos por la conciencia!. Mientras
se repudia la política y a todos los políticos,
"que se vayan, que se vayan todos y que no
quede ninguno", se hace política todos
los días como nunca antes, porque hasta ahora,
la mayoría había comprado el discurso
de que "hacer política" era ir
a votar.
Es
un aprendizaje colectivo; se avanza en días
lo que llevó décadas de acumulación.
Todos los grandes virajes de la historia producen
esta aceleración de la conciencia en momentos
en que se pone al rojo vivo la lucha entre intereses
antagónicos. En este mes de cacerolazos y
cortes de rutas y calles, se ha empezado a materializar
la unidad efectiva del pueblo argentino, al identificar
al enemigo de todos; al experimentar la fuerza colectiva
y a valorar la capacidad de creación, disposición
y entrega para apuntalar un nuevo proyecto de país.
Estos
hechos más recientes marcan un salto cualitativo
como producto de la acumulación en la conciencia
que va desde haber creído que la "democracia"
(a secas) era la solución definitiva, a haber
descubierto el entramado profundo y sórdido
del manejo del poder financiero a través
de los partidos políticos (Justicialista,
Unión Cívica Radical y FREPASO), cuyas
cúpulas se prepararon para hacer el "trabajo
sucio local" , completando la tarea del terrorismo
de estado de 1976 al 83 con el terrorismo económico,
financiero, social, cultural, contra el pueblo argentino.
Estos
20 años de "democracia" permitieron
a la gran mayoría del pueblo aprender más
por el método del ensayo y error que del
aporte de sus intelectuales orgánicos. Lamentablemente
fueron pocos, muy pocos los que se mantuvieron firmemente
sin tumbarse ante la ola de posmodernismo, de antimarxismo,
de decepción por creer que el "fin de
la historia" había llegado -aunque lo
negaban en su discurso- con el triunfo definitivo
del neoliberalismo.
Sucesivas
experiencias permitieron al pueblo ir descubriendo
que la justicia estaba emparentada con el poder
político, la corrupción, el crimen
y la droga; que los ministros y demás funcionarios
que se presentaban como "tecnócratas"
en realidad eran piezas claves del poder financiero
con continuidad desde la dictadura militar; que
los partidos que habían tenido un origen
popular estaban corrompidos y que sus prácticas
anulaban el juego democrático legislativo
y la independencia de poderes; que a través
de las políticas neoliberales introducidas
como rampa al "primer mundo" causaron
la tremenda desocupación, miseria, empobrecimiento,
debilitamiento de las funciones sociales del estado,
pérdida de las empresas nacionales, exilio
forzoso de gran mayoría de argentinos y enriquecimiento
ostentoso y provocador de unos pocos; que el golpe
militar fue esencialmente orquestado desde el poder
financiero para domesticar al país imponiendo
torniquetes como la deuda externa, aniquilando la
soberanía nacional; que los medios masivos
de comunicación respondían a los intereses
del poder, desde donde se ocultaba información,
se desinformaba, se usaba en todos los casos el
doble discurso; que la represión seguía
operando sobre los luchadores populares y contra
el pueblo mientras los narcotraficantes, corruptos,
traficantes de armas, nunca eran investigados, juzgados
ni menos aún sancionados; que las "privatizaciones"
de las empresas públicas fueron la más
vil entrega de la propiedad de la nación.
Una
pulseada fuerte: El análisis científico
da cuenta de que el necesario proceso de concentración
capitalista va produciendo cada vez más sectores
sociales afectados por la voracidad del capitalismo
y la corrupción de quienes poseen y manejan
el capital financiero a nivel transnacional; da
cuenta de cómo se agudizan las contradicciones
de clase y de qué mecanismos utilizan desde
el poder para ocultarlas, o llegado el caso reprimir
para mantener el "orden" que necesitan.
La creciente desocupación, el deterioro de
las condiciones de vida, empobrecimiento, falta
de justicia, de seguridad, de salud, de vivienda;
corrupción y negociados impunes, etc. fueron
la evidencia del funcionamiento de esa ley del capitalismo.
El proceso actual está permitiendo que cada
hombre y mujer del pueblo argentino a través
de su propia experiencia en el torrente de la historia
adquiera representación en su conciencia
de estas cuestiones como fenómenos sociales,
colectivos. Ya no podrá uno pensar que lo
que le pasa es porque no supo, no tuvo suerte, no
pudo; ya nadie podrá atribuirse a sí
mismo los fracasos, sino que empiezan a ver que
el problema es de todos, aunque en distinta medida,
es de todos, de todos los que no tienen el poder.
Y allí, cuando se descubre colectivamente
ese engaño, esa burla de la buena fe, se
produce un haz de fuerzas que puede ser imparable.
Todo
eso acumulado permitió dar el gran salto
del 19 y 20 de diciembre. Desde allí avances
cuantitativos en la dirección de identificar
como enemigo del pueblo a los políticos corruptos,
traidores, entreguistas, que llevaron a este drama
como verdugos del poder financiero -los "banqueros"
como se expresa en las consignas que a voz en cuello
riman con las cacerolas en lucha. Este despertar
de la conciencia conlleva la identificación
de las solidaridades sociales necesarias para transformar
en fuerza material tanta bronca y tantas ganas de
cambiar; tantas esperanzas de un futuro mejor: convergen
en las calles diversos sectores de las capas medias,
empleados, profesionales, estudiantes, desocupados,
jubilados, obreros, comerciantes, productores industriales
y agrarios, peones, changarines, esto es otro de
los avances en la organización y construcción
de una fuerza social en camino de ser una fuerza
política.
La
presencia de familias enteras con sus hijos, madres
embarazadas que exponen su panza ante las cámaras
para decir que quieren un futuro para ese hiijo
por nacer; viejos que dicen"Juicio a quienes
me quieren robar el futuro de mis nietos".
Todos juntos de todas las edades empiezan a convocarse
con el tintineo que va creciendo y que hace que
todos empiecen a parar la oreja y salgan a la calle.
Una
de las más grandes novedades que aparecen
en este original proceso de movimiento social es
otra idea matriz: el pueblo es soberano. el pueblo
tiene poder, ya no se admiten representaciones,
menos delegar sin controlar. El pueblo ha creado
un fantástico diálogo que impone por
el ruido. No es que el pueblo quiera saber de qué
se trata como aquél grito del 25 de mayo
de 1810. Hoy el pueblo sabe de qué se trata
y sabe lo que quiere y lo grita a los cuatro vientos
y lo hace con mucho ruido porque descubrió
además que hasta ahora se hacían los
sordos.
Este
gobierno actual, endeble por las circunstancias
de su elección legislativa, cuestionado totalmente
por pertenecer a la "clase política"
que es repudiada en bloque, es un fusible entre
la fuerza creciente del pueblo y las presiones con
todas las formas de lobbies y aprietes oficiales
y privadas de los banqueros y los jefes políticos
de los países del G7, de la UE, Bush y el
Departamento de Estado y los organismos "multilaterales
de crédito". Sus titubeos muestran que
oye y ve los ruidos de la calle. Su origen no le
permite ponerse a la altura del pueblo, menos aún
como sus representantes. Se da una curiosa forma
de democracia directa en donde el pueblo al no tener
sus propios representantes en las estructuras del
gobierno, le dicta al gobierno lo que tiene que
hacer.
El
gobierno, caminando en una cuerda floja, no puede
obviar los ruidos, las voces de la historia en las
calles y las rutas de todo el país. Pero
sus compromisos con el poder financiero son más
fuertes hasta ahora. Por eso intentan acallar al
pueblo atemorizando con violencia y metiendo provocadores
como en el GRAN CACEROLAZO NACIONAL del 25 de enero.
Lo nuevo es que queda cada vez más claro
para el conjunto del pueblo que la sociedad se va
escindiendo en dos campos, y a esos campos los separa
la cuestión del poder para ejercer justicia,
para crear una democracia nueva, para poder vivir
con trabajo y con dignidad. En cada minuto en cada
lugar desde el 19 de diciembre, están frente
a frente, dos posturas antagónicas que se
van delineando y que obliga a colocarse, indefectiblemente,
o en el campo del pueblo o en el campo de la corrupción
y del poder financiero.
El
mundo entero está pendiente de esta pulseada
histórica del siglo XXI. Porque Argentina
es un eslabón clave en el poder financiero
transnacional, en la globalización imperialista
por el nivel de inversiones extranjeras actuales;
está mirada con avidez desde el Departamento
de Estado de los Estados Unidos porque temen que
pueda ser un ejemplo para otros pueblos y además,
por la avidez imperialista de avanzar en una loca
carrera para apropiarse de manera absoluta de un
espacio con escasa población y con excelentes
recursos naturales y geopolíticos.
Los
pueblos del mundo están pendientes de esta
historia con final abierto, porque permite dar esperanzas
a otros que están también sometidos
a las mismas políticas y a los mismos discursos
engañosos y están haciendo sus propios
descubrimientos.
Tratan
de paralizar los cacerolazos, tratan de meter
al pueblo abajo de la alfombra, pero no cabe, ha
crecido. Las denuncias de que iba a haber violencia
en el Gran Cacerolazo Nacional; el bloqueo de la
mitad de la Plaza de Mayo con fuerte vallado policial;
las amenazas de represión que se lanzaron
desde varios días antes; la falta de difusión
del magnífico cacerolazo del día antes
contra la Corte Suprema de (In)justicia) no hicieron
mella en la voluntad de manifestar de todo el pueblo
de la República. En cada ciudad miles de
personas con sus propias banderas argentinas y pancartas,
con todos sus reclamos, y todas sus ganas de que
no los arrase la violencia del más despiadado
capitalismo globalizado salieron a las calles. En
Buenos Aires caminatas desde cada barrio, desde
cada esquina, en grupos de vecinos conocidos en
esta práctica colectiva para controlar la
efectividad de los objetivos, marcharon kilómetros
a pie hasta confluir en la plaza histórica
de Mayo.
Como
lo reconocen todos los medios periodísticos,
la provocación vino de adentro de la Policía
Federal, en un operativo de 2800 efectivos!! altamente
pertrechados. ¿Por qué ese despliegue
provocador cuando todo estaba en orden? Porque su
objetivo no es evitar desmanes, su objetivo central
es parar el avance del pueblo; atemorizar para evitar
que se repita esta exposición pública
mundial de fuerza social, un pueblo entero saliendo
a decir ¡basta de esto! Y que aprende rápidamente
de cada nueva avanzada callejera. El otro objetivo
ha sido mostrar al FMI y a los poderosos que están
capacitados y decididos para reprimir el pueblo
y además necesitaron que sus fuerzas de "seguridad"
hagan experiencia de lucha urbana contra el pueblo
movilizado. Su objetivo es controlar y reprimir
pero con las fuerzas de "seguridad" de
policía, prefectura y gendarmería
como forma de mantenerse "dentro de la ley"
Las
batallas del siglo XXI. El proyecto del poder financiero
cierra con represión. El proyecto del pueblo
cierra con mas democracia. Estas batallas son
originales: una especie de guerrilla urbana, colectiva
y a la vista, cuyas armas son la caminata, la consigna
que denuncia y propone con pancartas, con camisetas
pintadas, con heterogéneos carteles caseros
y diversas formas y aparatos para hacer ruido; batallas
por el dominio del espacio geográfico, las
calles, las plazas, las rutas, sin asentamiento
permanente del territorio, en movimiento, sin caer
en las provocaciones que montan desde los aparatos
represivos; batallas que se ganan, para afuera,
con el ruido y con la cantidad tan creciente de
personas que ha llegado a producir un cambio cualitativo.
Pero también se ganan adentro de cada uno
de los participantes en la satisfacción de
haber golpeado donde había que golpear, haber
desnudado más entuertos de corrupción
y estafa; haber hecho "escraches" frente
a la casa de los políticos, jueces, sindicalistas
corruptos; frente a los bancos y las empresas "privatizadas";
frente a Tribunales para que renuncie la Corte Suprema
de Justicia; de haber encontrado más solidaridades
y entusiasmo colectivo; de haber dado rienda suelta
a la imaginación y a la creación individual
y grupal. Por el otro campo el amedrentamiento,
la fuerza policial, la brutalidad y la falta de
respuesta a los reclamos. Una nueva forma de "autismo".
Hasta ahora en cada una de estas batallas gana el
pueblo en fuerza política y en organización.
Cuando
los de arriba no pueden (seguir como hasta ahora)
y los de abajo no quieren (seguir como hasta ahora).
Esta pulseada avanza en fuerza. Les obstaculiza
los planes al poder financiero y a quienes quieren
representarlo. Ha dejado atrás a todas las
estructuras partidarias y sindicales incluyendo
las de izquierda. Ha abierto un nuevo carril de
experiencias y solidaridades que avanzan hacia superiores
formas de organización, obligando de hecho
a todos los que quieren participar que modifiquen
sus viejas formas de hacer política, que
se adapten a estas nuevas formas de democracia directa,
de transparencia que imponen respeto a todos pero
confianza en la nueva construcción y defensa
colectiva de lo que se va construyendo en cada asamblea
local. "Los de arriba" todavía
pueden pero temen, porque saben que caminan por
una cornisa para mantener la "·gobernabilidad"
que necesitan para el "orden" de ellos.
"Los de abajo" también son conscientes
de que se necesita la gobernabilidad, pero otro
orden, no quieren éste y empiezan a proyectar
un bosquejo de lo que quieren y de cómo lograrlo.
Este
punto es la nueva tarea que empieza a aparecer aunque
está brotando en todos los lugares al mismo
tiempo: formas de seguridad propias, programas para
un nuevo gobierno, elecciones rotativas de los representantes
de asambleas y coordinadores.
Otro
salto significativo está por darse: cuando
colectivamente se pueda asimilar la importancia
que tiene Argentina dentro de la globalización
imperialista, las capacidades para desarrollar un
proyecto propio de país que desde su estado
soberano sea capaz de integrarse al mundo globalizado
facilitando relaciones humanas entre los pueblos;
revertir la imagen instalada en los medios de que
Argentina es un país pobre, valorando la
inmensa riqueza que acá se produce y que
es saqueada por distintos mecanismos fraudulentos
y leyes del estado del poder financiero. Está
empezando a verse colectivamente que cuando el FMI
dio "ayuda", "préstamos"
(desde la dictadura militar, con la deuda externa,
después con el Plan Brady, y con los sucesivos
"canjes de deuda", "préstamos
y blindajes"), nos puso salvavidas de plomo.
Ya la bandera contra el FMI no es un consignismo
de la izquierda. Ahora empieza a estar en las propuestas
de cada una de las asambleas barriales.
El
otro punto, la gran tarea es la cuestión
de la herramienta organizativa necesaria para que
el pueblo se constituya en fuerza política
para ejercer el poder del estado, de un estado de
nuevo tipo, acorde al nuevo bloque social en las
circunstancias históricas actuales.
Todo
esto está a punto de formar parte del bagaje
colectivo, de la conciencia de todos los sectores
sociales en juego. Eso permitiría sintetizar
los reclamos sectoriales en un proyecto superior
para el pueblo argentino donde cada uno descubriría
que no puede conseguir lo que reclama si no se cambia
el poder del estado de manos y por ende si no se
van construyendo aparatos del estado acordes con
los nuevos sectores sociales que tengan el poder
a través de las formas más avanzadas
de democracia popular.
En
esta etapa, con este sector minúsculo y debilitado
de la oligarquía financiera en el poder,
y con un pueblo cada más vez amplio incorporando
a diversos sectores sociales y más organizado
en torno a que no quiere vivir más como hasta
ahora, el carácter del cambio posible es
alcanzar la democracia popular a través del
poder del pueblo. Y eso significa un cambio de carácter
revolucionario para avanzar en la senda de la justicia
y el pleno ejercicio de los derechos humanos para
todos. Como decíamos al principio, estamos
recorriendo una historia con final abierto.... como
todas las historias.
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